En el libro “temas de sociología política” uno de sus autores, Jorge Benedicto, trata de la construcción de los universos políticos de los ciudadanos. Empieza su desarrollo señalando el escaso interés que las cuestiones política provocan en la mayoría de los ciudadanos de nuestras sociedades contemporáneas. Pero señala que en cualquier caso, independientemente del grado de interés, en cualquier sociedad los individuos mantienen múltiples y variadas relaciones con la esfera de lo político. Incluso una persona que no va a votar, que no quiera saber nada de partidos políticos, que pasa de acudir a una charla política. Esta persona aunque mantenga esa actitud no significa que se escapa de la política porque, en todo caso, le afecta como un mero súbdito de las disposiciones administrativas que emanan de los distintos órganos de poder.
Analizar en profundidad las características, elementos y factores que influyen en la acción política de los individuos es complejo. Pero en todos los casos la propia posibilidad de la acción política se sustenta sobre un conjunto interrelacionado de disposiciones básicas que constituye la matriz fundamental a partir de la cual los sujetos perciben y reaccionan ante los estímulos políticos, construyen sus preferencias políticas y eventualmente se implican en actividades políticas, aunque sólo sea para ir a votar cada cuatro años. Esto lo llamaremos “los universos políticos de los individuos”. A partir de las próximas entradas del blog vamos a intentar comprender como las personas configuran sus universos políticos con el propósito de saber en qué se sustentan sus preferencias y acciones políticas. Pero antes vamos aclarar el concepto moderno de ciudadano que ha sido fruto de un proceso histórico que abarca cuando menos los tres últimos siglos. Este concepto tiene la consideración del individuo como miembro pleno de una colectividad determinada, expresada mediante el reconocimiento de una serie de derechos fundamentales. Cabe, así, mantener que en cuanto “ciudadano” el individuo es la unidad componente de toda democracia. Esto sería una concepción formal del principio de ciudadanía. Pero en la actualidad vemos que las sociedades democráticas cada vez más deriva en un espectáculo donde los ciudadanos en vez de ser actores privilegiados se ven empujados a convertirse en espectadores pasivos y consumidores de mensajes. Con lo que asistimos a un proceso de desvalorización de lo público con el consiguiente repliegue de los intereses individuales hacia el exclusivo ámbito de la privacidad. Esto hace que las democracias contemporáneas los ciudadanos abandonen cada vez más a menudo su posición de sujetos de derechos, activamente ejercidos y reivindicados, sustituyéndola por la de súbditos que cumplen normas y disposiciones de los órganos de poder político. ¿A quién le interesa tener reclutados a los ciudadanos en su ámbitos más privados?
Analizar en profundidad las características, elementos y factores que influyen en la acción política de los individuos es complejo. Pero en todos los casos la propia posibilidad de la acción política se sustenta sobre un conjunto interrelacionado de disposiciones básicas que constituye la matriz fundamental a partir de la cual los sujetos perciben y reaccionan ante los estímulos políticos, construyen sus preferencias políticas y eventualmente se implican en actividades políticas, aunque sólo sea para ir a votar cada cuatro años. Esto lo llamaremos “los universos políticos de los individuos”. A partir de las próximas entradas del blog vamos a intentar comprender como las personas configuran sus universos políticos con el propósito de saber en qué se sustentan sus preferencias y acciones políticas. Pero antes vamos aclarar el concepto moderno de ciudadano que ha sido fruto de un proceso histórico que abarca cuando menos los tres últimos siglos. Este concepto tiene la consideración del individuo como miembro pleno de una colectividad determinada, expresada mediante el reconocimiento de una serie de derechos fundamentales. Cabe, así, mantener que en cuanto “ciudadano” el individuo es la unidad componente de toda democracia. Esto sería una concepción formal del principio de ciudadanía. Pero en la actualidad vemos que las sociedades democráticas cada vez más deriva en un espectáculo donde los ciudadanos en vez de ser actores privilegiados se ven empujados a convertirse en espectadores pasivos y consumidores de mensajes. Con lo que asistimos a un proceso de desvalorización de lo público con el consiguiente repliegue de los intereses individuales hacia el exclusivo ámbito de la privacidad. Esto hace que las democracias contemporáneas los ciudadanos abandonen cada vez más a menudo su posición de sujetos de derechos, activamente ejercidos y reivindicados, sustituyéndola por la de súbditos que cumplen normas y disposiciones de los órganos de poder político. ¿A quién le interesa tener reclutados a los ciudadanos en su ámbitos más privados?

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