Llegados a este punto vamos a tratar de las singularidades de la socialización política que forma parte del fenómeno más general de la socialización. En la socialización política los estudios hablan de tres dimensiones básicas:
1- el desarrollo de procesos de identificación
2- la formación de preferencias políticas – ideológicas
3- las percepciones sobre la actividad política.
desarrollo de los proceso de identificación.
Existen varios estudios que se contradicen pero se puede encontrar un rasgo en común en todo ellos, la identificación con los niveles más genéricos del sistema político. Es decir, cuando el niño, desde bien pronto, aprende a reconocer la colectividad política-nacional a la que pertenece a través de sus símbolos más visibles (la bandera, el himno), lo cual no será más que el inicio de un largo proceso a través del que irá tomando forma su identidad nacional. Aquí podríamos abrir un debate de lo sucedido en España con la caída del régimen franquista en los setenta. Todos sabemos que muchas personas de este país son reacias a la bandera española, o al menos, nunca se la pondrían en la solapa de la chaqueta. Esto sucede cuando en los cambios de regímenes hay una reformulación de los vínculos identificatorios. En cambio la figura del Rey si está ampliamente aceptada.
La formación de las preferencias político-ideológicas.
El ciudadano no sólo se identifica con los aspectos más genéricos y simbólicos del sistema político, sino que también desarrolla unas determinadas preferencias políticas que actuarán como punto de referencia a la hora de ir desarrollando distintas actitudes y opiniones sobre diversas cuestiones que en cada momento conforman la realidad política. La interpretación que han hecho varios especialistas es que la relacionan como una consecuencia directa de la transmisión de unas generaciones a otras de determinadas preferencias partidistas señalando tres aspectos de tal identificación partidista. A) se trata de una actitud política, adquirida tempranamente, que se transmite en un alto grado desde padres a hijos; b) se muestra bastante estable a lo largo de toda la vida del individuo y c) constituye un elemento principal de organización de las actitudes políticas y punto de anclaje de los valores ideológicos. Aunque hay evidencias empíricas que han demostrado que estas conclusiones están muy lejos de ser perfectas, es cierto que son más intensas que cualquier otra actitud política básica.
Pero ahora nos encontramos con un problema en la socialización política, que muchas veces, especialmente entre los más jóvenes, la manifestación de preferencia por un partido suele estar desprovista de cualquier tipo de connotación ideológica, parece más bien que se trataría de un medio de afirmar la pertenencia a un grupo, a un entorno concreto. Y aquí es donde se debe evaluar la capacidad de las lealtades hacia un partido para desarrollar en las nuevas generaciones sistemas de valores que, en alguna medida, estructuren sus actitudes y comportamientos políticos posteriores.
Percepción sobre la actividad política.
La percepción sobre la actividad política que tienen los individuos se realiza a través de diferentes instancias de socialización, son de carácter cognitivo que vienen sobre todo del sistema educativo que llamaremos formales y otros de conocimiento más difusos, que llamaremos informales, que son experiencias vividas o creencias transmitidas que dan una peculiar formar de percibir los fenómenos políticos y de reaccionar ante ellos. Por tanto, la socialización política está en el origen de la formación y desarrollo de la competencia política de los ciudadanos, de su capacidad de entender y dominar el entorno político en el que está situado. Aquí un debate interesante es cómo se percibe en la calle los asuntos políticos o los actores políticos y por qué existe tal percepción.
1- el desarrollo de procesos de identificación
2- la formación de preferencias políticas – ideológicas
3- las percepciones sobre la actividad política.
desarrollo de los proceso de identificación.
Existen varios estudios que se contradicen pero se puede encontrar un rasgo en común en todo ellos, la identificación con los niveles más genéricos del sistema político. Es decir, cuando el niño, desde bien pronto, aprende a reconocer la colectividad política-nacional a la que pertenece a través de sus símbolos más visibles (la bandera, el himno), lo cual no será más que el inicio de un largo proceso a través del que irá tomando forma su identidad nacional. Aquí podríamos abrir un debate de lo sucedido en España con la caída del régimen franquista en los setenta. Todos sabemos que muchas personas de este país son reacias a la bandera española, o al menos, nunca se la pondrían en la solapa de la chaqueta. Esto sucede cuando en los cambios de regímenes hay una reformulación de los vínculos identificatorios. En cambio la figura del Rey si está ampliamente aceptada.
La formación de las preferencias político-ideológicas.
El ciudadano no sólo se identifica con los aspectos más genéricos y simbólicos del sistema político, sino que también desarrolla unas determinadas preferencias políticas que actuarán como punto de referencia a la hora de ir desarrollando distintas actitudes y opiniones sobre diversas cuestiones que en cada momento conforman la realidad política. La interpretación que han hecho varios especialistas es que la relacionan como una consecuencia directa de la transmisión de unas generaciones a otras de determinadas preferencias partidistas señalando tres aspectos de tal identificación partidista. A) se trata de una actitud política, adquirida tempranamente, que se transmite en un alto grado desde padres a hijos; b) se muestra bastante estable a lo largo de toda la vida del individuo y c) constituye un elemento principal de organización de las actitudes políticas y punto de anclaje de los valores ideológicos. Aunque hay evidencias empíricas que han demostrado que estas conclusiones están muy lejos de ser perfectas, es cierto que son más intensas que cualquier otra actitud política básica.
Pero ahora nos encontramos con un problema en la socialización política, que muchas veces, especialmente entre los más jóvenes, la manifestación de preferencia por un partido suele estar desprovista de cualquier tipo de connotación ideológica, parece más bien que se trataría de un medio de afirmar la pertenencia a un grupo, a un entorno concreto. Y aquí es donde se debe evaluar la capacidad de las lealtades hacia un partido para desarrollar en las nuevas generaciones sistemas de valores que, en alguna medida, estructuren sus actitudes y comportamientos políticos posteriores.
Percepción sobre la actividad política.
La percepción sobre la actividad política que tienen los individuos se realiza a través de diferentes instancias de socialización, son de carácter cognitivo que vienen sobre todo del sistema educativo que llamaremos formales y otros de conocimiento más difusos, que llamaremos informales, que son experiencias vividas o creencias transmitidas que dan una peculiar formar de percibir los fenómenos políticos y de reaccionar ante ellos. Por tanto, la socialización política está en el origen de la formación y desarrollo de la competencia política de los ciudadanos, de su capacidad de entender y dominar el entorno político en el que está situado. Aquí un debate interesante es cómo se percibe en la calle los asuntos políticos o los actores políticos y por qué existe tal percepción.

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